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APRENDER A DEJAR IR.

  • DR. ANTONIO ORTIZ LIFE COACH
  • 17 ago 2016
  • 3 Min. de lectura

Cualquier pérdida en la vida, tanto física como de capacidades o esperanzas, desencadena en nosotros el sufrimiento; y la pérdida de una relación es, sin duda, una de las circunstancias que más dolor produce.

Cuando las cosas se ponen muy difíciles yo uso mi mantra personal que me repito cuando mis emociones toman el mando y alborotan mi cabeza y mi cuerpo, para poder mantenerme enfocada en mi propio valor: “Recuerda que fluyes con la vida. Permítete aceptar y disfrutar de todos los dones de la Vida, duren lo que duren”.

Y la clave está precisamente en el “duren lo que duren”. En aceptar desde lo más profundo de tu ser que hay personas que llegan a tu vida para quedarse para siempre, que hay otras que sólo estarán unos años, unos meses o unos días u horas. La clave está en aceptar que no las puedes retener, aceptar que han llegado a tu vida con una finalidad, tal vez para aprender, sentir, experimentar, descubrir o vivir algo que te hacía falta aún sin saberlo, y que una vez cumplido este fin se marchan.

Aceptar que cuando se van de tu vida, no es una pérdida que te empobrezca, sino todo lo contrario, debes sentir que te quedas más rica que antes, porque te has permitido disfrutar de lo vivido y transformarlo en experiencia.

A veces hay que renunciar a tratar de comprender el por qué, simplemente hay que aceptarlo, sin lamentaciones. Adoptar un sentimiento de gratitud porque todas esas experiencias son necesarias para transformarte en la persona que estás destinada a ser. ¡Todas! Tanto las que te gustan como las que no, tanto las que deseas como las que rechazas, tanto las que gozas como las que te duelen.

Elige vivir la vida dando lo mejor de tí, con la creencia de que siempre estás en el lugar adecuado en el momento perfecto! Y elije ser feliz porque aunque el amor no creció en el corazón de la otra persona, sí que creció en el tuyo, y eso te reafirma en tu capacidad de amar y sentir!


Dicen que lo mejor para el mal de amores es mantenerse ocupado, distraerse. También es bueno viajar, y cuanto más lejos mejor. Todo ello está bien, pero previamente hay que hacer un trabajo profundo con tus emociones: aceptar y dejar ir.


La mayoría de nosotros cargamos con una gran cantidad de dolor reprimido. Nos aterroriza ser inundados y abrumados por él, por lo que tratamos de negarlo, de distraernos, de eliminarlo. Pero el sufrimiento suprimido es responsable de muchas enfermedades psicosomáticas y dolencias físicas.

El sufrimiento continuo por una pérdida se debe a la resistencia a aceptar ese estado no permitiendo por ello que el sufrimiento se agote.

Si en lugar de suprimir la sensación, se le permite salir y se suelta, pasamos rápidamente del sufrimiento a la aceptación. Cuando aceptamos que podemos aguantar el sufrimiento ya estamos en camino de recuperar nuestro coraje para enfrentar nuestros sentimientos y soltarlos.

Si cada vez que llega la sensación de sufrir, nos entregásemos a ella, experimentándola por unos minutos, finalmente con el tiempo se ago

taría. Sólo hemos de tolerar un sufrimiento desbordante durante 10 o veinte minutos, y luego, de repente, desaparece. Si nos resistimos entonces seguirá; y el dolor reprimido puede durar años.

Tenemos que abandonar nuestro miedo a la sensación y a sentirnos desbordados y abrumados por ella. Solar la resistencia a la sensación permite que esta nos atraviese con rapidez, por eso dicen que un buen llanto reconforta. Tomar la decisión de dejar de resistirnos al dolor.

Como dicen la protagonista de “Memorias de África” tras conocer la muerte de su amante: “Cuando veo que no puedo seguir soportándolo, aguanto aún un momento más y entonces sé que puedo soportar cualquier cosa.”

Hay que diferenciar entre aceptación y resignación. En la resignación todavían quedan restos de la anterior emoción, de alguna forma es como si nos dijéramos: “No me gusta, pero tengo que aguantarlo.”

Con la aceptación, renunciamos a resistirnos a la verdadera naturaleza de los hechos, nos entregamos y las soltamos, por lo que finalmente, se produce el alivio y la serenidad.

Si quieres profundizar en esta técnica del “Dejar ir”, te recomiendo vivamente el libro del mismo nombre del Dr. David R. Hawkins.


 
 
 

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